“Delito contra los sentimientos religiosos”: ¿Quién se acuerda de ‘Charlie’?

charliehebdogaylobby

Imagen: plinthos.blogspot.com.es

La Fiscalía de Madrid ha solicitado una pena de un año de prisión para la portavoz del Gobierno municipal, Rita Maestre, «por su participación en una protesta en la capilla de la Universidad Complutense en 2011. El fiscal acusa a Maestre de un delito contra los sentimientos religiosos […] Maestre entró con un grupo de estudiantes en la capilla del Campus de Somosaguas “guiados por el ánimo de ofender los sentimientos religiosos de los allí presentes y de todo el colectivo católico”». Allí, medio desnudas, profirieron varias ofensas contra los presentes (Huffington Post, 16.6.15).

En primer lugar, vamos al fondo del asunto: aquellas mujeres realizaron un acto para exigir que se cumpla el requisito constitucional de que el estado ha de ser aconfesional. En segundo lugar, si damos por válido que ofender los sentimientos religiosos de las personas es un delito, entonces la revista satírica francesa Charlie Hebdo tendría que estar cerrada hace años y sus viñetistas deberían haber sido procesados. Todos nos indignamos por el terrible crimen que sufrieron algunos de ellos, pero es que además no pocos de los que piden ahora la cabeza de Rita Maestre clamaban entonces por la libertad de expresión como fundamento para poder ofender a los musulmanes (y a otros grupos religiosos) libremente. ¿En qué quedamos?

Aunque cada caso requeriría un análisis cuidadoso, en estos asuntos el principio debe estar claro: una cosa es que un acto sea insensato; otra distinta, injustificable, es que por ser insensato sea ilegal (y otra mucho más grave, por supuesto, es que a alguien lo ataquen o lo maten por haber ofendido los sentimientos de los demás; pero ese es otro tema). Así que en el caso de Rita Maestre, por mucho que nos desagrade la forma en que actuó, el sentido común indica que no debería considerarse delito (lo mismo que no lo son las brutales viñetas de Charlie) y por tanto el caso debería ser sobreseído, si no queremos que en nuestro ordenamiento jurídico exista algo similar a las “leyes antiblasfemia” de países contrarios a los derechos humanos, y si tenemos en cuenta el fondo del asunto ya indicado en el párrafo anterior. LEx

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