Privatización de las fiestas

1377357916_786914_1377358019_noticia_normal«La privatización de la Tomatina de Buñol, que se celebra el miércoles con todas las entradas vendidas, podría servir de ejemplo a otros municipios acosados por la deuda» (‘El País’, 24.8.13). Es una vergüenza que este despilfarro de comida haya llegado a celebrarse jamás, pero ahora que hay tanta hambre en España, todavía lo es más. Más que privatizarse, debería prohibirse.

Y en cuanto a la privatización de las fiestas en general, es un imperativo para acabar con el «totalitarismo de la fiesta», como llama Muñoz Molina a este fenómeno. ¿Por qué hemos de pagar todos la juerga de algunos? Igual de urgente es legislar de forma que se salvaguarden los derechos de los no celebrantes (al descanso, al uso del espacio público…). LEx



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